Avistamiento de auroras boreales desde la comunidad valenciana.

 

Avistamiento de auroras boreales desde la comunidad valenciana.

 Miguel Montaña Bernet


La noche del 10 al 11 de mayo de 2024 se pudieron observar auroras boreales desde latitudes de 40° norte e incluso mas bajas. Este fenómeno es corriente en latitudes altas cerca de los polos, pero no es habitual observarlas en latitudes tan bajas.

 

La causa fue una fuerte tormenta geomagnética provocada por la alta actividad solar, ya que el sol camina hacia el máximo del ciclo solar número 25, el cual está previsto que llegue a finales del 2024 o principios del 2025.

 

Esta excepcional tormenta geomagnética, la segunda más fuerte desde el año 1932 y solamente superada por la que ocurrió el 13/11/1960, fue provocada por las fuertes llamaradas expulsadas por la región de manchas solares 3664, algunas de estas llamaradas alcanzaron la clasificación X8.79, siendo la número 17 entre las llamaradas más potentes registradas desde el año 1996.

 

La región de manchas solares número 3664 fue la cuarta más grande registrada desde 1996, alcanzando un tamaño de 2400 millonésimas de hemisferio, llegando a contabilizarse hasta 81 manchas solares solamente en esta región.

 


 

Desde la asociación astronómica de Albuixech pudimos fotografiar este gran grupo de manchas solares empleando el telescopio refractor Skywatcher 100ED de la asociación con su correspondiente filtro solar.

Dos días antes de la aparición de las auroras, varios miembros de la asociación astronómica de Albuixech tomaron la siguiente fotografía de la fotosfera solar desde el observatorio de Albuixech.





En ese momento y pese al gran tamaño de este grupo de manchas, nada hacía presagiar que en las próximas noches se pudiesen observar auroras en latitudes bajas.

 

La noche del 10 al 11 de mayo de 2024.

 

La casualidad propició que esa noche la asociación astronómica de Albuixech programase una actividad de observación de campo en la localidad de Barracas (Castellón), concretamente en la zona a la que acudimos con asiduidad, la estación del “El Palancar”, una antigua estación de la vía del tren minero de ojos negros, ya en desuso y reconvertida en una especie de área recreativa y albergue.